Editorial |
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EL PELIGRO DE LA DESINSTITUCIONALIZACION |
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| Noviembre 11 de 2007 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Lo peor que le puede ocurrir a nuestra democracia es que prosiga el proceso de desinstitucionalización hace un tiempo iniciado, y que amenaza con descomponer por completo el tejido pacientemente construido de nuestro Estado de Derecho.
Los más recientes acontecimientos, que se resumen en inusitado enfrentamiento entre el Presidente de Nos negamos a creer que los magistrados auxiliares -contra quienes se han dirigido las sindicaciones por parte de personas antes involucradas con organizaciones delictivas- hayan hecho uso indebido de sus atribuciones y comisiones, o de las diligencias a su cargo, para construir falsas pruebas con intencionalidad política. Y nos negamos a creer igualmente que todo corresponda a un montaje de
Es de suyo grave que cualquiera de las hipótesis en referencia esté teniendo realización, toda vez que la una o la otra de configurarse- corresponderían, para vergüenza de Colombia, a tenebrosos intentos concretamente dirigidos contra nuestro sistema democrático.
Las instituciones, que responden -en su estructura y en la normatividad que las informa-, a los fundamentos mismos del orden jurídico establecido por
Lo cierto es que los seres humanos que están transitoriamente al servicio de esas instituciones creen a veces -equivocadamente- que se confunden con ellas, y, por vanidad o por ingenuidad, cometen con alguna frecuencia equivocaciones, o caen en las trampas que se les tienden, conduciéndolas -quizá de buena fe- a los escenarios en los cuales habrá de tener lugar su destrucción.
Pero los seres humanos titulares de las funciones públicas son, al fin y al cabo, pasajeros, y es injusto que en sus caídas individuales o colectivas, o en el curso de sus veleidades o debilidades, se lleven con ellos a las instituciones, que nos pertenecen a todos y que son el resultado actual de toda una evolución de la democracia y el Derecho, difícilmente instaurados entre nosotros, como lo acredita la historia de
Consideramos que, en la actual coyuntura, con independencia de las convicciones políticas que profese uno u otro, y aparte de si se es o no afecto al Gobierno, o miembro de la oposición, se impone la necesidad urgente de respaldar a las instituciones como tales no tanto a las personas que temporalmente las encarnan, haciendo un llamado urgente a la cordura y a la madurez, y buscando, por los medios jurídicos que también las instituciones actuales suministran, que se investigue pronto y completamente lo ocurrido, que se aplique a quien sea responsable las sanciones pertinentes, y que restañemos las heridas que puedan haber dejado su huella en el cuerpo institucional de Lo peor que le puede ocurrir a nuestra democracia es que prosiga el proceso de desinstitucionalización hace un tiempo iniciado, y que amenaza con descomponer por completo el tejido pacientemente construido de nuestro Estado de Derecho.
Los más recientes acontecimientos, que se resumen en inusitado enfrentamiento entre el Presidente de Nos negamos a creer que los magistrados auxiliares -contra quienes se han dirigido las sindicaciones por parte de personas antes involucradas con organizaciones delictivas- hayan hecho uso indebido de sus atribuciones y comisiones, o de las diligencias a su cargo, para construir falsas pruebas con intencionalidad política. Y nos negamos a creer igualmente que todo corresponda a un montaje de
Es de suyo grave que cualquiera de las hipótesis en referencia esté teniendo realización, toda vez que la una o la otra de configurarse- corresponderían, para vergüenza de Colombia, a tenebrosos intentos concretamente dirigidos contra nuestro sistema democrático.
Las instituciones, que responden -en su estructura y en la normatividad que las informa-, a los fundamentos mismos del orden jurídico establecido por
Lo cierto es que los seres humanos que están transitoriamente al servicio de esas instituciones creen a veces -equivocadamente- que se confunden con ellas, y, por vanidad o por ingenuidad, cometen con alguna frecuencia equivocaciones, o caen en las trampas que se les tienden, conduciéndolas -quizá de buena fe- a los escenarios en los cuales habrá de tener lugar su destrucción.
Pero los seres humanos titulares de las funciones públicas son, al fin y al cabo, pasajeros, y es injusto que en sus caídas individuales o colectivas, o en el curso de sus veleidades o debilidades, se lleven con ellos a las instituciones, que nos pertenecen a todos y que son el resultado actual de toda una evolución de la democracia y el Derecho, difícilmente instaurados entre nosotros, como lo acredita la historia de
Consideramos que, en la actual coyuntura, con independencia de las convicciones políticas que profese uno u otro, y aparte de si se es o no afecto al Gobierno, o miembro de la oposición, se impone la necesidad urgente de respaldar a las instituciones como tales no tanto a las personas que temporalmente las encarnan, haciendo un llamado urgente a la cordura y a la madurez, y buscando, por los medios jurídicos que también las instituciones actuales suministran, que se investigue pronto y completamente lo ocurrido, que se aplique a quien sea responsable las sanciones pertinentes, y que restañemos las heridas que puedan haber dejado su huella en el cuerpo institucional de |
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