Editorial |
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ATROPELLANDO |
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| Enero 01 de 2008 | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Los últimos acontecimientos, en Colombia y en el mundo, muestran a las claras hasta qué punto causa daño en el seno de las sociedades la intolerancia de algunos de sus miembros, que, a falta de razones, prefieren el uso de la fuerza, o la violencia de los hechos o de las palabras. Son quienes consideran que lleva ventaja en cualquier discusión quien atropella, cuando en realidad, con su conducta, descalifica cualquiera de sus argumentos si los tiene-, por buenos que sean. Fueron precisamente la intervención desaforada y ciertamente inoportuna del presidente venezolano, Hugo Chávez (quien interrumpía al orador en uso de la palabra, contrariando las reglas de la diplomacia) , y el discurso desafiante del mandatario nicaragüense Daniel Ortega durante la última sesión de Siguiendo con Chávez, no queremos descalificar su propósito de instaurar, mediante reforma de Lo que merece crítica es el método utilizado para obtener la mayoría por el SÍ, que ha ido desde los reiterados ataques oficiales contra quienes han manifestado reserva u oposición, pasando por amenazas contra los medios de comunicación críticos, hasta la generación de enfrentamientos entre partidarios de uno y otro criterio, con graves problemas de orden público, inclusive en el interior de establecimientos universitarios, a los cuales repugna, por principio, la presencia de las armas. Si por Venezuela llueve, en Colombia no escampa, y no sólo por los fenómenos del clima que en los últimos días nos han afectado, sino especialmente por la intolerancia con la cual se quieren imponer las ideas, dentro del erróneo propósito oficial de lograr respuesta favorable unánime, sin discusión ni contradicción, acerca de todas sus políticas y en relación con todas sus decisiones. Es lo que hemos visto, por ejemplo, en lo referente a la mal denominada Ley de Justicia y Paz, que quiérase reconocerlo o no- es una normativa que plasma la impunidad para los crímenes más atroces, según lo hemos visto a lo largo de las confesiones , parcialmente transmitidas, de los antiguos paramilitares, hoy supuestamente desmovilizados. El Ejecutivo quiere a toda costa clasificar tales crímenes como políticos, con miras a beneficiarlos, no importa lo que pase con los conceptos de verdad, justicia y reparación, y aunque nuestro sistema jurídico no admite tal calificación , y si para ello tiene que establecer un absurdo enfrentamiento con La intolerancia también existe respecto al escándalo de la llamada parapolítica , que ya ha dado lugar a endilgar comportamientos indebidos a los magistrados que tienen a cargo los procesos, y a crudas discusiones públicas del Presidente de Igualmente, contra ¿Y qué decir de la nueva propuesta de reelección presidencial a tres años vista, que a juzgar por algunas manifestaciones de partidarios del Presidente Uribe, creemos que sin su consentimiento- no pocos la quieren imponer a las buenas o a las malas?
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