COLUMNAS

 

EL VOTO DE NO CASTIGO

José Gregorio Hernández Galindo

Marzo 30 de 2010

Un análisis interesante desde el punto de vista de la Ciencia Política es el que puede hacerse sobre la relación entre las cosas que pasan en los gobiernos y el comportamiento del electorado frente a ellas. En unos casos, especialmente en el pasado, el voto de castigo o de aplauso ha sido ostensible, lo que ha hecho operar la denominada "ley del péndulo".

Empero, en otros casos, en que ostensiblemente debería tener lugar una votación que censurara a los gobernantes por sus fallas, por sus abusos o por sus equivocaciones, no se ha generado esa consecuencia en la práctica, contrariando muchas veces los pronósticos de los especialistas.

Así, en Colombia, muchos creían que los escándalos por "falsos positivos", "chuzadas", "parapolítica", "yidispolítica", o por las controvertidas decisiones gubernamentales en materia de salud, se irían a reflejar en las urnas, y que el 14 de marzo las huestes uribistas no obtendrían un apoyo mayoritario, o que al menos su dominio electoral disminuiría. Por el contrario, los partidos afines al Gobierno obtuvieron un gran triunfo, y a sus contradictores les fue regular o muy mal en esas elecciones. Eso sí, la abstención fue muy alta: algo así como del 60%.

En Italia acaba de acontecer lo propio. Cuando todo el mundo suponía -y así lo habían pronosticado los analistas- que Silvio Berlusconi recibiría un merecido castigo en las elecciones regionales llevadas a cabo entre el domingo y el lunes, como consecuencia directa de los numerosos escándalos protagonizados durante los últimos meses por el Primer Ministro, tal cosa no ha ocurrido. La tendencia de centro derecha que Berlusconi orienta consiguió seis de las trece regiones que estaban en juego, cuatro de las cuales les quitó a los candidatos de centro izquierda.

El descontento, si lo había, no se expresó en el sentido de los votos, pues quienes participaron lo hicieron en su mayoría a favor del Gobierno. Los italianos que quisieron protestar prefirieron hacerlo mediante la abstención, que aumentó en ocho puntos respecto a las elecciones de 2005. La participación en las urnas llegó apenas al 63,6%, el porcentaje más bajo en los últimos quince años, según lo reconoció el Ministro Roberto Maroni.

La abstención, entonces, no fue contra Berlusconi, sino en general contra toda la clase política.

Los dirigentes de los partidos de oposición, en Colombia y en Italia, deberían reflexionar sobre este fenómeno, y ver qué les pasa. O carecen de líderes, o no saben presentarse como alternativa de poder.


 
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  Comentarios (2)    
 

Por César Augsto Niño González
comentado el 30de Marzo de 2010
José Gregorio, soy César Niño, un estudiante de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, y amigo de Juan Pablo. Bajo el ánaisis que usted muy bien plantea, resulta dificil pronosticar los elementos que las naciones muchas veces poseen para votar, esto mismo sucedió en Venezuela, y probablemente vuelva a suceder.

El caso colombiano es bastante particular, pues a modo personal pienso que Colombia y su gente es bastante patriota y el mejor jefe de campaña de Juan Manuel Santos y naturalmaente de el presidente Uribe es sin duda alguna Hugo Chávez. Colombia se jacta de tener una de las democracias más antiguas de la región y articulando la historia con la coyuntura política tanto nacional como internacional (vecinos) podemos determinar que el colombiano promedio tiene susto y miedo que la izquierda llegue al poder. Pero por eso mismo es que hay que fomentar una cultura política sólida, una visión estratégica del Estado como hace unos años la planteó David Easton con sus inputs y outputs.

 
 
 
 

Por Gustavo Galindo Hernandez
comentado el 04de Abril de 2010
Nuestra cultura política ya no la mueve el color del trapo sino la cruda y cruel manipulación del dinero, cuando debería ser el análisis objetivo del fiel cumplimiento de la Carta y en particular "el respeto de dignidad humana" y a "la solidaridad de las personas" que integran nuestra sociedad" y "la prevalencia del interés general"