COLUMNAS

 

REFLEXIONES

Octavio Quintero

Marzo 23 de 2010

Lo mejor que le pudo pasar al país en el debate electoral del pasado 14 de marzo, fue la elección de Antanas Mockus como candidato presidencial. Es una voz distinta, es un “póngase a pensar” que invita a pensar (y valga la redundancia), en que no todo está perdido en este ambiente político dominado por mafias de todas las pelambres: desde la que encarna el presidente Uribe en defensa de su particular “Seguridad Democrática”, hasta las abiertamente criminales como el narcotráfico, los paramilitares y la guerrilla.

Ciertamente, lo que más requiere Colombia en estos momentos no es tanto un estadista, aunque en este término se resuma todo lo que se requiere saber para gobernar bien, sino un especialista en locura colectiva: un ser capaz de meterse al manicomio y entenderse con los locos sin necesidad de camisas de fuerza, choques eléctricos y sedantes; a puro pulso; a pura lengua.

Por ejemplo, en reciente columna que le publica El Tiempo, Antanas dice un portento de verdad sabida que llevamos escondida como las vergüenzas… bueno, cuando las vergüenzas eran íntimas…

(…) “Si me eligen Presidente de Colombia haré con la ilegalidad lo que el presidente Uribe hizo con las Farc: arrinconarlas políticamente, dejarlas sin justificación. Las Farc son solo una de muchas manifestaciones de la ilegalidad en Colombia y ameritan seguir siendo combatidas sin titubeos”.

¡La ilegalidad! Léase bien: Colombia es un país ilegal en su más amplia manifestación, empezando por el período presidencial que fenece, logrado al cabo de una reforma constitucional que se hizo ILEGALMENTE…

Ilegal es la principal fuerza laboral de este país: más de 12 millones de colombianos y colombianas en tareas de rebusque; ilegales son los empresarios que se roban los impuestos: más de cinco billones de pesos anualmente; ilegales son los partidos políticos que de ser seriamente investigados, todos ameritarían sanciones por algo que sería lo más elemental: violación de los topes en la pasada campaña electoral; y ni se diga por los avales que dieron a candidatos ilegales, empezando por el propio partido Verde del candidato que aquí elogio.

Pero… ¿cómo no va a ser ilegal un país que se gastó todo un cuatrienio presidencial tratando de cuadrar una ilegal reelección de alguien que ya había sido ilegalmente reelegido?

¿Y cómo no va a ser ilegal un país que decreta una emergencia social para mejorar las utilidades de unas empresas de salud que en 16 años, como es el caso de Saludcoop, han esquilmado a tal punto a los pacientes (aunque ahora les dicen clientes, y en el mejor de los casos usuarios), que su capital ha pasado de 2.500 a 430 mil millones de pesos?

Sí, Antanas: el asunto ya no es de “Seguridad Democrática”, sino de “Legalidad Democrática”. El asunto ya no es de lograr la paz con los alzados en armas sino de evitar que los que ahora estamos en paz nos alcemos en armas.

Bienvenida esta refrescante bocanada de cosas sensatas dichas por alguien que a primera vista tiene cara de loco; dice locuras y entró a la historia política del país con una locura: mostrando el culo.


 
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